Si no está chantando por la calle, está dando clases de skate en Plaza Haití o alguna otra pista de la ciudad. Nos sentamos a charlar con Vanessa Rodríguez, tremenda skater y mejor persona, para que nos cuente sobre sus proyectos actuales, sus días por Barcelona y cómo vivió desde adentro el crecimiento del skate femenino.

    Tomás Lluna: Hola Vane, contame, ¿empezaste a correr para Element Argentina? Me pareció ver algo en las redes… ¿estás avalada?

    Vanessa Rodríguez: Sí, Element me está ayudando, no soy corredora oficial como el resto del team. Pero es bastante nuevo, hace unos pocos meses.

    TL: Estás de flow en el team ¡Qué estilo! Felicitaciones. Tengo entendido que sos medio viajera. Ahora que están empezando a permitir los viajes otra vez y hay como una vuelta a la normalidad, ¿estás planeando algún viaje?

    VR: Estoy a full con las clases de skate acá en Buenos Aires pero sí, tengo planeado volver a Barcelona el año que viene para la temporada de verano. Lo que queda, acá en Baires. El año que viene ya volver a Barna, como el año pasado.

    TL: Ahí va, en tu visita a Barna el año pasado fue cuando conectaste con las pibas de Asíplanchaba, salió un minidocumental o algo así hace poquito. Contanos cómo fue conectar con esas pibas, filmar afuera y toda la secuencia?

    VR: Sí, por suerte pude conectar con las pibas de allá gracias a la Neit. Me presentó a Vero (Verónica Trillo) de Asíplanchaba y estuvimos produciendo: saliendo andar, foteando y filmando. Ahora en el documental que salió se me escucha un poco hablar y aparezco andando.

    También hicimos una foto para la revista Dolores Magazine. Esa revista es de Vero y Raisa (Raisa Abal). Está buenísima, un montón de chicas la siguen. Es una revista hecha para y por el skate femenino, y para mí es un orgullo haber podido participar.

    TL: Cuenta la leyenda que Barcelona siendo una meca del skateboarding y teniendo millones de plazas y spots soñados, tiene una trampa, un imán que lleva a los skaters a pasar todos sus días en tres lugares: Macba, Universitat y Nevermind o los bares del Raval. ¿Pudiste escaparle al triángulo de las bermudas barcelonés?

    El triángulo de las bermudas que amenaza a cualquier turista skater en Barcelona.

     

    VR: El triángulo ese no me agarró a mi, jaja, por suerte. Llegué en pandemia y Nevermind estaba cerrado directamente, lo conozco porque fui en 2017 pero esta vez no pude ir. Lo que hacíamos era ir al bar de Manolo -chupitos bien baratos, videos de skate, buena música, amigos- y pasaba por Macba pero tampoco tanto. A hacer algún tramite, patinar un ratito, más como punto de encuentro: me enfoqué mucho en conocer lugares nuevos.

    Buscaba en Google los spots, investigaba y fichaba para ir a andar. Ibamos con las pibas a la calle, estaba enfocada en conocer lugares nuevos de street. La verdad que no anduve en ninguna pista pública, todo calle.

    TL: Tenés que descargarte KRAK, es la mejor aplicación para encontrar spots por el mundo. No sólo te dice spots, sino te da las características: seguridad, horarios, dificultades y un mini archivo de pruebas ya realizadas en el lugar.  ¿Entonces ninguna pista?

    VR: Sí, miento jajaja, en la única pista pública que patine fue en la Ciudadela, que tiene unos bordesitos, es bastante street, la debés conocer. También mucho Paral’lel porque me quedaba de camino a casa y mucho street por suerte.

    TL: Bueno, si bien es increíble conectar con una movida 100% skate femenino en Europa, vos acá estás super metida en Skatechikar, ¿cómo empezaron ahí?

    VR: Skatechikar tiene más de 10 años. Es 100% Tati,  yo soy su mano derecha. Nos conocemos desde que empezamos a andar. Hacía un año que yo patinaba cuando ella cayó a la pista. Desde ahí nos hicimos inseparables. Es un bocho, tiene mucha imaginación, conecta con la gente increíble.

    Skatechikar nace porque Tati se empezó a copar filmando. La idea era hacer un video de skate femenino de calle. Nunca lo pudimos concretar, hubo una intro.. pero nada, algunos problemas con la cámara, salía muy caro el arreglo, se nos iban poniendo viejas las tomas.

    Lo que sí logramos es hacer eventos de skate femenino totalmente gratuitos. Siempre hacemos un rato de clínica y después la idea es compartir, no competir. Una tarde de skate entre amigas, que aunque después haya primer puesto y premios, la esencia sea compartir.

    TL: Yo era un cabeza de tacho con las clases de skate, me parecía que no daban. Hasta que vi un grupo de guachines, nenes y nenas yendo al bowl de Necochea a patinar, con sus casquitos y re mil cebados y me empezó a dar otra imagen ¿Cómo te llevas vos con dar clases?

    VR: Con las clases de skate hay un montón de gente que empieza pensando de una manera y después de otra. En mi caso, desde que empecé a andar me di cuenta que me apasionaba, soñaba con vivir del skate de alguna manera. De a poco se empezó a dar, Tati me dice: ¡no paran de preguntar por clases! No sabíamos a quien recomendar, asique empezamos a dar clases nosotras.

    Me costó un montón al principio aceptarlo. Me daba verguenza pero es como andar en skate. A medida que vas andando y practicando, mejoras. Aprendí un montón de cosas enseñando. Ahora estoy viviendo de esto y feliz de la vida, haciendo lo que me gusta.

    No sólo eso, todo el tiempo te llegan mensajes hermosos y eso te hace ver que tu trabajo lo estás haciendo bien y que la gente termina contenta: ahí te sentis orgullosa. Ayer en Haití una chica vino a andar al bowl, se terminó tirando, roleando todo..

    TL: La primer tirada es un momento cúspide en la vida de cualquier skater, hermosa sensación. Vos arrancaste de pibita no? Has vivido el cambio radical en el skate general pero ni te digo en el femenino, no cierto?

    VR: Arranque a andar cuando tenía 13 años y no tenía skate. Empecé en Backside, un skatepark privado de Capital Federal hecho por skaters y yo vivía a un par de cuadras. Empecé a andar ahí todos los sábados alquilando un skate. 4 pesos me valía, 5 pesos la clase y 3 pesos la entrada al skatepark.

    Vane en sus primeros años gozando Backside, foto: Diego San Martín

    Empecé tomando clases con Maqui. Era medio incómodo porque todos los sábados tenía un skate diferente y era raro, no era TU skate. Cuando cumplí los 14 me autoregalé un skate y desde ahí nunca más me baje. Ahora tengo 28 años, más de la mitad de mi vida arriba de la tabla.

    Cuando arranqué a andar en skate pracitamente no había chicas que patinaban. Se conocían cuales eran las chicas que andaban con toda: Mecu, Paulita y Euge. Sé que existe una historia de mujeres antes que ellas pero cuando yo llegue la peli era esa. Las únicas tres que patinaban, y encima la mataban, eran ellas.

    De a poco vi como de casi no conocer pibas que andaban en skate, ahora vos vayas a donde vayas, a la provincia que quieras, skatepark que quieras, ya hay una piba andando en skate. Mismo cuando voy a dar clases flasheo porque de repente tengo más chicas que chicos. Las cosas cambiaron. Cuando yo empecé a andar era más tabú. Era más raro ver una piba haciendo un deporte agresivo, era el 2005/06.

    A mi me gusta compartir con quien sea, niños, grandes, pibes y pibas, pero también siendo una skater mujer me doy cuenta que falta un montón de skate femenino en el país. Falta un montón porque nadie -bueno, no es que nadie, hay muchas pibas apoyando y haciendo cosas en estos años- pero las marcas no apoyan tanto el skate femenino.

    Falta más apoyo de las marcas, del estado y de los mismos skaters. Siento que a mí me ayudaron en un montón de aspectos, pero en líneas generales falta mucho apoyo con las chicas. Es muy dificil que el skate femenino progrese como en otros países si no hay eventos y las marcas no avalan mujeres. Cuando hacen eventos privados no hacen invitaciones a pibas, no nos tienen en cuenta. Si le darían lugar creo que la cosa empezaría a cambiar.

    Frontside Rock’n por Barna, foto: Raisa Abal

     

     

    Entrevista por Tomás Lluna.